• H.·. Edgar Burgos

Debacle en la masonería española.


¿Qué está pasando? Más allá de los consabidos tópicos ‘forococheros’ sobre poderosos hombres que operan en las sombras mientras comparten entrante, plato, y postre con los terribles ‘illuminatis’ que controlan el universo, existe todo un mundo que debes conocer: La realidad. El masón, es simple y llanamente un hombre (o mujer) que ha querido ver más allá. Por lo general, las personas que deciden ingresar en masonería presentan unos patrones o características comunes que a ningún hermano de los que hemos tenido el placer de compartir conversación con ellas nos pasan inadvertidas. Ya que como bien rezaba en aquella basílica romana del siglo XVII, como sois, fuimos, y como somos, seréis. Hablo de ciertas inquietudes, de mentes curiosas con gen de explorador, de perfiles que van en búsqueda del crecimiento personal, pero que además, para fortuna suya, han sabido dar con la puerta adecuada a la que llamar aunque aún no lo sepan a ciencia cierta. Y es que existen rasgos muy definitorios que son casi conditio sine qua non para quien llega a encontrarse en la antesala del misterio a revelar.

Ahora bien; ¿Realmente existe tal misterio? ¿Será acaso la masonería esa famosa llave que abre las mil puertas? Son muchos quienes van en busca del masón con la idea de adquirir un ticket al transiberiano de la sabiduría y se encuentran con el sol de cara en un día de resaca. ¿Tal vez sus expectativas eran demasiado a altas?

En lo personal, he de decir que ya han pasado unos cuantos años de mi joven iniciación, a los que sumo algunos más desde que juré mi maestría, y me he encontrado con todo tipo de hermanos y hermanas. He conversado estrechamente con altos grados que más bien parecían aprendices, como también me he topado con aprendices que bien podrían asemejarse más a lo que se espera de un maestro masón. Algo natural, si tenemos en cuenta el equipo con el que cuentan algunas logias masónicas, y es que como en cualquier otra organización fundada por seres humanos, no debería sorprendernos el hecho de dar con toda clase de monigotes.

No hablo de personas con mayor o menor capacidad intelectual o dotes literarias (cada uno tiene las que tiene) sino más bien de conductas y comportamientos. Concretamente ,de uno que se repite hasta la saciedad y que identificamos claramente como caldo de cultivo óptimo para la destrucción de talleres: El ego.

Pasa que como en política, hay quienes viven aferrados al ‘puesto’ y venderán su alma al diablo por mantener lo que para ellos es una especie de status supremo que les distancia del común de los hermanos. Sin ir más lejos, estamos viendo como por culpa de los ya archiconocidos caciques del norte, del sur, del este y del oeste, las logias de la Orden Masónica Mixta Internacional - Le Droit Humain se desmoronan ruidosamente sufriendo los daños ocasionados por una gran patada en medio del Cénit.

Lo que creían que era un sistema jerárquico sin falla ni fisura, sustentado por el jefecillo de turno en el punto cardinal a controlar que le correspondiera, se ha convertido en algo más parecido a la trasnochada academia de los falsos eruditos, la guarida del gurú y sus acólitos con mandil, o la secta de Abramelin el mago…

Para quienes van en busca del crecimiento personal y tienen la mala suerte de encontrarse ya bajo los influjos de este tipo de sacerdotes con escuadra y compás, estos talleres se vuelven un fracaso total. No solo no encontrarán lo que están buscando. Sino que además, tendrán que aprender a convivir en un ambiente que se asemeja más a un campo de minas que a una Logia de verdad.

Lamentablemente, todos hemos sido testigos de cómo decenas de personas que han pasado por este tipo de logias terminan por presentar su dimisión irremediable (como es lógico) y se quedan con esa idea errónea de que la masonería era eso que les tocó vivir. Pero por suerte, no todo se acaba ahí. Casi como las últimas gotas de agua en el desierto, que son difíciles de encontrar, pero que siguen estando ahí para quien se atreva a continuar la travesía. Los maestros masones seguimos existiendo. Hemos sido capaces de reunir lo disperso y de continuar con nuestro trabajo. No bajo los auspicios de ningún consejo, no bajo las órdenes del papado masónico de turno, no. Ya ha quedado claro que ese sistema corrompe y no aporta nada (no es necesario seguir observando fracasos, rencillas internas y dimisiones para darse cuenta de ello). Lo hacemos de manera libre y soberana, bajo los auspicios de la Bóveda Celeste y al Progreso de la Humanidad. En nuestro humilde taller, nos hemos estado organizando conforme a lo que el Rito escocés antiguo y aceptado exige. Cada uno de nosotros hemos puesto nuestro granito de arena.

Gracias a nuestra transparencia en todo momento y a la ardua labor, reconocida y reconocible (algo que nunca conocerán aquellos a quienes se lo han dado todo hecho), hermanos de otras logias libres e incluso maestros del Gran Oriente de Francia acudieron a nuestra llamada a la hora de levantar columnas. Columnas que siguen intactas a día de hoy, y que así seguirán siempre, haciendo realidad nuestra Carta Constitutiva, de la cual estamos profundamente orgullosos. Pues cuando las cosas se hacen con el corazón y no con el cargo, sí perduran en el tiempo.


El trabajo dignifica. Y en esta logia se trabaja, se construye y se respira fraternidad. Somos libres, y sí, también de buenas costumbres. No hay una fórmula mágica. Solo se trata de la calidad de la piedra que todos los que conformamos la Respetable Logia Luz y Libertad hemos sabido reconocer en el que teníamos en frente.


Este Respetable taller siempre brindará un espacio en donde el trabajo, la calidez y la hermandad permanezcan en simbiosis. Entendemos que es la única manera de hacer de la masonería algo digno dadas las circunstancias actuales, ya que finalmente, ha quedado confirmado aquello de que el peso de los metales de algunos es tal, que como si de plomos de pesca se tratara, terminan por enviarles al fondo del abismo masónico.





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