• H.·. José María González

Escuela



A día de hoy me llama la atención la forma en que algunos se acercan a llamar a las puertas de los talleres masónicos. Sin saber prácticamente nada sobre lo que hay dentro, ni qué se hace, ni para qué sirve.

Quizás hay quien lo hace para llenar su tiempo. Otros, porque quieren ocupar ‘algún puesto’ en ‘algún lugar’. También están los que buscan algo espiritual. Pero en realidad, pienso que tal vez, más de uno, y de dos también, se habrán llevado una sorpresa si es que lograron entrar. Muchos de los mencionados anteriormente, acaban por intentar desarrollar un poco de cada cosa, pero pocos son los que en realidad ponen en práctica lo que ‘dentro’ se nos enseña. Menos aún son, los que se dejan enseñar. Tanto unos, como otros, acabarán haciendo lo que buenamente sepan hacer, de seguro, con toda su intención. Con mejor o peor suerte. Procesos, rituales, pasos a seguir…¿Quién sabe en realidad todo lo que le espera? ¿Qué ocurre ahí? ¿Qué es lo que ‘le harán’? La antigua masonería operativa, así como la especulativa más actual, nos brinda alguna información al respecto de todas estas cuestiones. Todos hemos observado las construcciones de grandes catedrales. Pero vayamos más allá; contemplemos ahora todas las herramientas necesarias para la realización de estos trabajos. Esas antiguas herramientas, que de forma muy distinta a la actual, pero a la vez, de un modo bastante similar, continúan desarrollando los trabajos de construcción: La escuadra, el compás, la plomada, el mazo y el cincel… entre otras muchas que tampoco procede ahora enumerar. Puede que nunca vayan a ser usadas de la manera más adecuada por todos los hermanos. Puede que algunos, no lleguen a usarlas nunca debidamente, siendo muy pocos, los que comprenden la profundidad de estos materiales de construcción. Tomemos como ejemplo el mazo y el cincel; que para mí podrían ser estas dos, de las herramientas con más enjundia. De seguro, habrá hermanos a los que les saldrán ampollas tan sólo por agarrarlas de la manera correcta. Otros quizás, si sepan agarrarlas como se debe, pero puede que a la hora de dar el golpe acaben por machacarse uno o dos dedos. Solamente bien aprendida la técnica y usando las herramientas como es debido, podemos hacer grandes tallas e imponentes esculturas. Pero nunca se podrán usar estas mediante la fuerza bruta o de un modo intolerante. Quién cree que lo sabe todo, pierde el tiempo en masonería. Pues si alguien se cree poseedor del conocimiento absoluto, es porque nada hay que enseñarle ya. Sencillamente. Una logia, no es su sitio.

El mazo y el cincel, así como otras herramientas, usándolas con firmeza pero suavemente a la vez, con determinación y precisión exactas, nos permitirán realizar grandes trabajos de labrado. Un labrado eso sí, que a mí modo de ver, nunca podría ser equiparable o proporcional, al que pudiéramos llegar a realizar sobre nosotros mismos, aunque sean muchos los hermanos que crean que esto es posible y se sientan plenos conocedores de todo arte. Este último tipo de hermanos, es precisamente el que más debe labrarse a sí mismo. Son quienes tienen el trabajo más difícil. El más profundo del ser humano.

Por fortuna, esta en la que estamos, en mi opinión, es la mejor de las ‘escuelas‘ para justamente eso: formarse como ser humano.


H.·. José María González

2 vistas
This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now