• H.·. José María González

Los Secretos


En este caso voy a empezar a exponer, al menos hasta donde yo entiendo, lo que eran en su día los juramentos masónicos. Aquellos que nacen en la masonería operativa, en las grandes construcciones de la edad media, cuando se reunían los maestros de cada gremio en un lugar secreto y ahí se hablaba y se dibujaba de algún modo como iba a ser esa construcción de la catedral. Cómo quedaría terminada, sin que nadie más supiera cómo sería la obra acabada. Todo lo que se llevaba a cabo formaba parte de un gran secreto. En nuestro caso, eran los maestros quienes indicaban a cada paso la colocación de toda piedra. Dónde y cómo tenían que hacerse los trabajos, que labor desempeñaba cada oficial aún formando parte de distintos gremios, pero bajo una construcción común.


A parte de todo lo que envuelve a la Masonería en sí de por aquel entonces y aunque no todos los autores o historiadores a lo largo de los años estén de acuerdo de manera definitiva sobre este asunto, cabría destacar la Orden del Temple. Resulta interesante reflexionar sobre aquellos templarios que se organizaban bajo su propio credo y hacían uso del silencio en cuanto al secreto de la Orden se refiere. La historia de dicha Orden es digna de saber en todo su contexto, no tanto por lo novelesco de los hechos que la contienen si no por el modo en que estos ’ hermanos’, extramasónicamente hablando hacían las cosas. El cómo y el por qué.


Los templarios se caracterizaban por un férreo compromiso, juraban defender a los suyos aunque la vida les fuera en ello. Hasta ese punto se sacrificaban por salvaguardar su secreto.

Menciono a la Orden del Temple como tantos otros ejemplos podría exponer en este escrito. Pero mi intención es la de mostrar mi humilde opinión sobre los juramentos y secretos que en esta era masónica llamada Especulativa, y desde hace unas décadas a esta parte se están viendo vulnerados por las nuevas tecnologías, los ordenadores, los dispositivos inteligentes etcétera. Herramientas muy útiles estas si se saben utilizar para su fin en cuestión. Pero que de otro modo son muy peligrosas contra la privacidad de los demás y la libertad individual.


Sorprende que algunos de nosotros, masones, quienes juramos guardar secreto sobre nuestros ritos y rituales, protegerlos y protegernos a todo precio de las miradas curiosas e inquisidoras del exterior, caigamos en ciertas actitudes poco honorables, exponiendo al amplio mundo nuestros usos y costumbres. Hay a veces que quienes prestan su juramento no son dignos de la condición que ostentan, ya que poco después nos los podemos encontrar hablando sobre los secretos de una logia a bombo y platillo, elucubrando la argucia en plena calle.


Algunos se atreven incluso a difundir informaciones por redes sociales, o mediante vídeos y charlatanería de medio pelo. Lo mismo da, si quien en su día fue un hermano es capaz de perder su integridad con tales actitudes. En especial, todos aquellos que se hacen llamar masones pero que a pesar de llevar su mandil, anillos, (alguno que otro incluso sombrero para ostentar mayor panoplia) se han atrevido a ir por ahí difundiendo y cacareando todo cuanto juraron mantener en silencio.


Por otra parte; invito a todos aquellos profanos, posibles masones en un futuro, que lo que se vayan a encontrar aquí dentro, en el calor de una Logia. Sea algo que entre otras cosas les enseñe a observar y a escuchar, pero también a guardar silencio sobre todo lo que se jure. Esto debe ser así por el bien de bien de todas las logias y ordenes Masónicas del mundo, pero en especial por aquellos hermanos que durante muchas horas, días y años se molestaron en trabajarse a sí mismos para que hoy, tú puedas acceder a un grado de sabiduría extra o a ciertos conocimientos de un nivel determinado si se prefiere, que ninguna otra ‘escuela’ te va a poder aportar.


H.·. José María González

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