• H.·. Leonardo

Quiero ser masón


¿Qué pasaría si este deseo se manifestase en un círculo cercano como por ejemplo en una reunión familiar? En uno de esos domingos de comidas copiosas y sobremesas interminables. ¿Se caducaría el postre? ¿Se echaría a perder el café? O de lo contrario, ¿surgiría la curiosidad y con ella nuestra oportunidad de explayarnos y ordenar rápidamente toda la información que hemos ido leyendo o preguntando por doquier y aprovechamos para hacer gala de nuestro erudito conocimiento?


Quizás parezca un poco exagerado, pero estoy convencido de que a más de uno le ha pasado algo parecido. Conocer más datos, sobre esta cuestión, que el interlocutor que tenemos enfrente. Es lo común.


O puede suceder todo lo contrario; compruebas cómo se empiezan a poner de colores fosforitos y aprietan un amuleto, o dicen frases lapidarias y temerosas como “sí, sé lo que es; los que dirigen el mundo”. Esta última reacción es real. Vivida por un servidor.


Bien, si aun así sigues con el come-come, te darás cuenta de que no a todo el mundo puedes comentarle cosas tan raras para muchos o incluso prohibidas. Entonces, piensas en ser selectivo a la hora de sacar el tema. Te vuelves temeroso al preguntar por referencias y otras posibilidades. Total, que de pronto ya estas viviendo en una especie de secretismo no elegido por uno mismo, una especie de discreción obligada para, no sabes muy bien por qué, no herir sensibilidades. O mejor dicho sensiblerías(vamos a empezar a llamar a las cosas por su nombre). Que como sabéis, está unos cuantos escalones o pueblos por debajo de la primera.


Pasa el tiempo, y al no poder hablar con nadie que satisfaga tus ansias de saber más sobre el tema, te ves de un día para otro frente a la caja de contacto de una Web, mirando tu correo personal en los próximos días siete o diecinueve veces diarias y sin darte cuenta… frente a una Logia esperando que te reciba un Masón de verdad. De los de verdad de la buena, osea, de los que creías y leíste que existían, pero que jamás habías visto en carne y hueso hasta ese momento.


Pues así empieza todo en muchas ocasiones. Con el ánimo de compartir una inquietud personal con tus seres más allegados y queridos surge, o puede surgir, un camino sin vuelta atrás. Y no por culpa de los que no comprendían tu curiosidad, sino gracias a los que no podían satisfacerla.


Así que, cuando quieras decir a alguno de tus allegados aquello de “QUIERO SER MASÓN…”, desde el momento en que surge dentro de ti esa frasecita, aunque no llegues a verbalizarla, debes saber que ya ha comenzado en ti el camino hacia la masonería.


Tarde o temprano estarás, probablemente ahí, en una Logia. O si no… al tiempo.


H.·. Leonardo

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