• H.·. Edgar Burgos

Astrolabio y compás


Es algo ampliamente aceptado el he


cho de que los humanos somo seres sociales. Necesitamos comunicarnos con los demás. Establecer lazos, forjar alianzas… Principalmente, lo hacemos para llegar a unos ‘objetivos determinados’. Es importante que recordéis este pequeño denominador común que se da en nuestra especie y que sirva además de preámbulo para lo que viene a continuación.


Las Siete piezas de a ocho

Parece ser, que entre los siglos XVII y XVIII, hubo un grupo de hombres libres, aunque no de muy buenas costumbres, que gustaban de reunirse en una conocida y pequeña base marítima. Este centro de operaciones se hallaba rodeado de islotes y se encontraba situado frente a las costas de Haití. Dicen que tanto ciudadanos ingleses como franceses en su mayoría, llevaban años haciendo parada obligada en este misterioso escondite. Una isla, que siendo tan real como pueda ser la canaria Isla del Hierro, aunque de un tamaño mucho más pequeño, era bien conocida en gran parte del Caribe por su orografía como ‘La Tortuga’. Hoy sabemos que este diminuto trozo de tierra que pareciera sacado de la imaginación de un novelista, en realidad, fue real.

De hecho, historiadores de la talla de Angus Konstam o Wolfram zu Mondfeld afirman que es aquí donde surge la denominada, por aquél entonces, ‘Cofradía de los Hermanos de la Costa‘.

Esta sociedad estaba constituida principalmente (y lo explico por si aún alguien tenia sus dudas) por piratas ingleses y bucaneros franceses. Eran personas de mayor o menor fortuna, que finalizando el siglo de oro y entrando ya en el de las luces, se venían reuniendo en lo más profundo del mar Caribe. Pero ahora hagamos un pequeño inciso, ¿Qué pasaba con algunos franceses de bien mientras sus temidos paisanos se ganaban su mala fama a sangre y fuego?

Pues sucedía, que al mismo tiempo, pero a muchísimas millas náuticas de distancia, ciudadanos franceses, pero en este caso de buenas costumbres, también comenzaban a organizarse en pequeños gremios o fraternidades con una serie de objetivos.

¿Masones y piratas?, ¿De qué va esto?

Pasa que falta la parte más importante por contar y esta, irá acompañada de una gran reflexión, y es que por increíble que pueda parecer ‘La Cofradía de los Hermanos de la Costa’ (Los piratas de Tortuga) tenía una serie de normas, de leyes, que cuando menos resultarían llamativas o hasta familiares para algunos de nosotros.

Estas normas estaban recogidas en un pequeño libro o documento denominado ‘Charte Partie, que venía a ser su libro de reglamentos generales. El texto por el que se regirían los hermanos de la cofradía tanto en tierra, como en mar.

El cirujano y pirata francés Alexandre Olivier Exquemelinen su obra de 1678 ‘Histoire d’avanturiers qui se sont signalez dans les Indes.’ nos narra así algunas de estas normas o leyes que ahí aparecían:

  • Entre los hermanos de la cofradía no existirán prejuicios de nacionalidad ni de religión.

  • No existirá la propiedad privada.

  • Se respetará la libertad individual de cada hermano.

  • Todo hombre tiene voto y tiene derecho a provisiones frescas.


¿Cómo unos piratas pudieron llegar a hablar de temas tales como erradicar los prejuicios, el reparto equitativo, la libertad individual de cada hermano o el derecho a voto de todos los miembros? ¿Cómo fue esto posible, si eran ladrones, asesinos, peligros públicos número uno?

En realidad, la razón es simple: la necesidad de trabajar en Fraternidad.

Los masones, que afortunadamente nada tenemos que ver con los filibusteros, salvo en el hecho de haber coincidido con ellos en el eje cronológico en alguna que otra ocasión, ya sabemos esto. Y efectivamente es de dominio público que solo la unión hace la fuerza, únicamente si todos remamos en una dirección es posible que logremos nuestro objetivo.

Hay quién decidió usar la fuerza de la hermandad para abordar un galeón el siglo XVII. Nosotros, lógicamente, siempre estuvimos en las antípodas de esta clase de actividades y actitudes, preferimos encargarnos de otras cosas. De lo que de verdad nos importó, más allá de unas cuantas piezas de a ocho: la paz entre las personas, la armonía y la tolerancia entre los pueblos y sus gentes, las buenas maneras, la empatía, el altruismo…

Nos ocupamos de todos estos asuntos desde va siglos. Por supuesto desde mucho antes de 1723 y las famosas Constituciones de Anderson, que tanto dieron de qué hablar… Los masones nos veníamos reuniendo en Logias Libres para trabajar en todos estos asuntos.

La masonería nace como un crisol y sigue funcionando así a día de hoy gracias a este hecho.

Son muchos los que se empeñan en atecharse bajo los paraguas protectores de las grandes órdenes u obediencias. No se atreven a mojarse por la lluvia que desciende de la Bóveda Celeste. Pero la realidad, es que el germen, la semilla, (y esto es un hecho histórico) es que la masonería más pura nace en época de gremios, de sociedades, de pequeñas asociaciones… Nace como Logia Libre, y así se mantiene a día de hoy.

Y lo cierto, es que afortunadamente, de aquellas épocas ya no quedan hombres que se reúnan en la Isla Tortuga a planear el abordaje, sable en mano. Pero sí que quedamos hermanos con los mismos mandiles que llevábamos entonces, los mismos guantes y las mismas leyes y principios que por entonces nos regían. Prueba definitiva de que aunque dos fraternidades daten de épocas aproximadas, ambas estén creadas por personas de un mismo país, de manera libre e incluso con unas normas o leyes determinadas, una vez más el éxito de lo que prevalece procede de la luz. De la buena voluntad, del trabajo honrado, del ‘’no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti’’ y lo más importante: de ser sincero con uno mismo.

Queridos Hermanos, que los vientos nos sigan siendo favorables.


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