• H.·. Leonardo

Versos de un Hermano


No me llames amigo


No me llames amigo,

podría desaparecer sin más el continente del alcance,

de la vista sincera y llana por un día,

y justificarías tu estancia en la soledad y el dolor.

No me llames a gritos,

con los aullidos explosivos de la gasolina,

con sonidos estéreos de telefilme,

con las señales apaches de los cigarrillos ni con la pose de las sirenas desencarnadas.

No me llames a oscuras,

con las manos encogidas,

con decrépitos dolores, tras las cortinas del estigma,

con crujidos descendentes ni con logaritmos encriptados.

Solicítame con el idioma materno,

con el vocabulario de los árboles meciendo sus copas,

con el de un río en verano renovado,

el de las ondas invisibles,

el de los lazos indetectables y los deseos comunes.

El de los hombres pequeños,

el de las mujeres pequeñas,

el de los más altos relieves,

el de los tonos azules y futuros.

Encuéntrame en la atención profunda

de un animal de compañía,

en los espacios en blanco entre dos palabras,

entre libro y libro,

en el balcón de los microscopios,

en el diáfano éter y las cosas primigenias,

en los observatorios de las azoteas,

en las corrientes subterráneas,

en el fulcro de tu existencia.

Pero no me llames amigo...


No me llames amigo.

¡Llámame! ¡Llámame!

Llámame hermano.

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