• H.·. Dante

Yo, Masón.




Un lustro llevo caminando en el proceloso, fraternal, maravilloso, pero siempre provechoso Universo Masónico.


Un Lustro que ha dado para mucho. Desde esa primera ilusión, casi infantil, con la que uno acude a llamar a las puertas de los Hijos de la Viuda. Con una sensación entre misteriosa e ilusionante. Llena de dudas y preguntas que el tiempo debe contestar, o eso siente uno en su interior. Bella ilusión.

Y es que, tras toda la parafernalia ceremonial y rituales, se esconde una humanidad inmensa, con sus grandezas y miserias.


Mujeres y Hombres que se reúnen con el hermoso fin de crecer y evolucionar como seres humanos. Debatiendo y aportando cada uno su visión sobre mil temas de mayor o menor enjundia y profundidad. Enriqueciéndose con visiones diferentes, y a veces muy opuestas, de otros miembros de la Logia, siempre con respeto y tolerancia.


Pero últimamente, las aguas de cierta parte de la masonería andan revueltas. Todos estos trabajos, esfuerzos, debates, y el afán de enriquecerse espiritual e intelectualmente, han devenido en algunas batallas y enfrentamientos que han producido rupturas.


Debido en parte a no realizar, como es preceptivo, algunos deberes masónicos como la tolerancia, el respeto o el librepensamiento, y sustituyéndolos por manipulación, deseo de control y endiosamiento de algunos de sus miembros. Qué humano todo…


Pero a pesar de estas pequeñas miserias, mezquindades, competitividades y el ansia dominio inherente al ser humano que siempre aparece en grupos de actividad humana, estoy orgulloso de ser Masón.


¿Por qué?


Porque en mi caminar he aprendido y crecido inmensamente, observando estos comportamientos no muy educativos para no repetirlos.


Porque he conocido personas maravillosas que me han aportado su visión, aprendizaje, respeto, riqueza, cultura, una sonrisa cómplice, un gran consejo o fuerza en momentos difíciles.


Porque en compañía de Hermanos, hemos levantado columnas de ilusión que deseamos sean Luz para nosotros y así ayudar a mejorar esta sociedad que nos rodea y que comete esos mismos errores de egoísmo e intransigencia, pero que tiene un inmenso poso y poder de solidaridad.


Porque a cada gesto de pequeña miseria debemos contestar con otro de bondad.


Soy Masón. Estoy orgulloso de ello.


Y cuando tengo el honor, limitado en estos tiempos de pandemia, de vestir mi mandil y mis guantes e iniciar los trabajos con mis Hermanos, una Luz de Esperanza nace en mi interior.


Una sonrisa brota en mi rostro. Soy Yo. Yo, Masón.


Dante.·.

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